09 noviembre, 2010

Manifiesto de las mujeres de la Iglesia Gallega sobre la visita del Papa

NOSOTROS, MUJERES CREYENTES DE LA IGLESIA GALLEGA, Y CON
OCASIÓN DE La VISITA DO PAPA BENEDICTO XVI A NUESTRA TERRA,
TOMAMOS LA Palabra Y LA Hacemos PÚBLICA

1. Como mujeres adultas comprometidas con la Iglesia y con el Evangelio, como
bautizadas con capacidad legítima para hablarle a la comunidad y como herederas
de ese linaje de mujeres evangelizadoras de la primera hora que, desde lo
principio del cristianismo, tomaron la palabra desde la libertad del Espíritu. Y por
último, y no menos importante, tomamos la palabra y la hacemos pública desde
el mandato urgente de nuestra conciencia que nos mueve a hablar y no callar,
porque así lo requiere la dignidad a la que nos impulsan Jesús y la sensibilidad
social actual.

Y QUEREMOS DECIR:

2. Que la sociedad gallega, de la que formamos parte, está escandalizada polo
gasto de recursos económicos, energéticos, mediáticos, logísticos y de seguridad
que requiere un viaje como la que el Papa va a hacer a Galicia por unas horas.

3. Que es manifiesta la connivencia de este viaje con los poderes políticos y
económicos más involutivos y conservadores de nuestra sociedad, claramente
ajenos a las personas más desfavorecidas.

4. Que el Papa se está a colocar en sus viajes más como un jefe de estado que
como un representante de una iglesia y menos aún como representante de Cristo.
Se perdió el sentido inicial de la sucesión apostólica y, en pleno siglo XXI, su
figura tiene poca legitimidad en esta Iglesia carente de una mínima articulación
democrática.

5. Que se las mujeres representamos la mitad de la humanidad, en la Iglesia
somos mujeres más del 70% de las personas participantes en los actos litúrgicos
o encargadas de las tareas de mantenimiento y dinamización de las parroquias.
Sin embargo, somos una mayoría silenciada, sin reconocimiento de nuestros
derechos básicos y sin remuneración económica por las tareas que sostienen el
día a día de las iglesias locales. Los tocan un estatuto de menores de edad y de
tuteladas que no podemos consentir.

6. Como mayoría, históricamente inferiorizada, lo que nos afecta como mujeres
precisa ser tenido en cuenta para bien de todas y todos, y de la misma
comunidad eclesial. Y así:

- Sentimos que nos está a afectar muy negativamente la mayoría del
pensamiento sobre las mujeres transmitido por la jerarquía y los documentos de
la Iglesia, que pretenden mantenernos en papeles tradicionales de sumisión y
obediencia bajo una capa superficial de idealización de la mujer; no sólo no ayuda
a rematar con la tremenda violencia de género (que ya causó 56 asesinatos de
mujeres en el Estado y 4 en Galicia en el que va de año), sino que incluso pode
estarla manteniendo en aspectos.

- Sentimos que nos está a afectar muy negativamente el énfasis constante en una
doctrina eclesial involutiva en relación a cuestiones de moral sexual como el
divorcio o los anticonceptivos, u otras tan complejas y dolorosas como la sida o el
aborto, cuando apenas se dice una palabra pública y comprometida sobre otras
que también afectan a la vida y al cuidado de la vida: la desnutrición endémica y
las causas de la hambre, las matanzas a minorías, la explotación laboral de
menores o la explotación sexual de mujeres y niñas...

- Sentimos que nos están afectando muy negativamente las recientes noticias
de cientos de curas y muchos obispos involucrados en situaciones de abuso a
niños y niñas, y la poca firmeza de la jerarquía en las declaraciones públicas y en
las medidas tomadas, que suponen una vergüenza moral y social para nuestra
Iglesia. Y de por parte, sin que genere una reflexión básica para una nueva
comprensión de la sexualidad y del celibato obligatorio cara una vida saludable en
la Iglesia.

- Sentimos que nos está afectando muy negativamente la prohibición del
ministerio del sacerdocio a las mujeres, una falta básica al derecho a la igualdad
que está frenando la renovación de la Iglesia, ya que las mujeres con vocación
sacerdotal la entienden, en su mayoría, desde una clave comunitaria. Otras
iglesias cristianas disfrutan de él desde hace años: así, la iglesia presbiteriana de
Estados Unidos desde finales del siglo XIX, la iglesia luterano de Dinamarca desde
el año 1948 o la iglesia anglicana desde 1994. Esto contrasta, y gravemente,
con las últimas normas de derecho canónico hechas públicos en julio pasado que
recogen la ordenación de mujeres como uno delitos más graves equiparándolo a
la pederastia.

TENIENDO EN CUENTA ESTAS Y OTRAS MUCHAS CIRCUNSTANCIAS Y
VALORACIONES:

QUEREMOS DECIRLE TODA LA SOCIEDAD GALLEGA DE LA QUE NOS SENTIMOS
PARTE ACTIVA:

1. Que el mensaje cristiano no es únicamente el que transmite el Obispo de Roma
o la Conferencia Episcopal Española. Hay otras palabras en la Iglesia, otras
maneras de vivir como mujeres y hombres creyentes y de entender la vida y la
fe. Bastan ejemplos a lo largo de nuestra historia y en la actualidad.

2. Que cada persona, cada colectivo, cada religión, cada sociedad tienen sus
propias palabras, únicas y valiosas; por eso apostamos por una Iglesia de
comunidades que no se erija ni en juez de otras religiones ni del pensamiento
laico y, mientras, escuche y comparta búsquedas comunes.

3. Que muchos y muchos de nosotros estamos trabajando por esa "otra Iglesia
posible" más próxima a la vida del día a día, más organizada con los sectores
sociales empobrecidos, más respetuosa con la diversidad y más celebradora de la
bondad de la vida.

QUEREMOS DECIROS A VOSOTROS, A HOMBRES LAICOS, A CURAS, A MONJES Y
A OBISPOS, COMPAÑEROS DE CAMINO EN LA IGLESIA GALLEGA:

1. Que, nosotras, mujeres, llenamos los templos, animamos las catequesis de
crianzas, de juventud y de gente adulta, dinamizamos las comunidades, nos
formamos en la fe y estudiamos teología, sostenemos económicamente las
parroquias, impulsamos y participamos en movimientos de Iglesia, apoyamos
iniciativas eclesiales en favor de los sectores marginalizados ...

2. Que, puesto que trabajamos activamente en la Iglesia y la estamos
sosteniendo, queremos que se abran espacios donde nuestra palabra diferente
sea escuchada.

3. Que, puesto que trabajamos activamente en la Iglesia y la estamos
sosteniendo, queremos sentirnos reconocidas y valoradas en lo que acercamos.

4. Que, puesto que trabajamos activamente en la Iglesia y la estamos
sosteniendo, queremos poder decidir sobre las cuestiones que nos afectan
directamente

5. Que, puesto que trabajamos activamente en la Iglesia y la estamos
sosteniendo, queremos compartir con vosotros las decisiones que afectan a la
vida de la Iglesia

QUEREMOS RECORDARNOS A NOSOTROS, A MUJERES LAICAS, A RELIGIOSAS Y
A MONJAS DE LA IGLESIA GALLEGA:

1. Que en la actualidad, una de las llamadas del Espíritu y uno de los mayores
servicios al Evangelio es ahondar en nuestra conciencia de mujeres desde
la propia situación social y eclesial para, desde ahí, promover una necesaria
apertura en la Iglesia.

2. Que para eso, necesitamos escucharnos interiormente desde el Espíritu como
mujeres, y también hablar y hacer camino con otras mujeres.

3. Que, puesto que trabajamos activamente en la Iglesia y la estamos
sosteniendo, precisamos tomar decisiones sobre las cuestiones que nos afectan
directamente.

4. Que, puesto que trabajamos activamente en la Iglesia y la estamos
sosteniendo, precisamos reclamar poder compartir las decisiones que afectan a la
vida de la Iglesia.

Colectivo "Nós-mulleres-tomamos-a-palabra-na-Igrexa-galega"

Galicia, octubre de 2010

08 noviembre, 2010

El Vaticano instala un grupo utracoservador en Sucumbíos

Presentes desde 1929, los carmelitas han acompañado a la Iglesia de San Miguel de Sucumbíos viviendo con el pueblo y pensando desde el pueblo. El Vaticano ha decidido ahora en 2010 que los carmelitas están lejos de los principios de la ortodoxia, y ha hecho ceder la Diócesis a un grupo reciente ultraconservador cuyos miembros visten con atuendo paramilitar.

Blog de la Inglesia de San Miguel de Sucumbíos:

http://isamis2010.blogspot.com

Información sobre el grupo Heraldos del Evangelio:

http://edant.clarin.com/diario/2007/05/13/elmundo/i-02901.htm

10 octubre, 2010

ECUADOR DEFIENDE LA DEMOCRACIA

De Diego Borja
Estimados amigos y amigas YO si estuve en las manifestaciones del 30 de septiembre. NADIE ME LO CONTÓ:
Este es mi testimonio de los eventos que acontecieron el día jueves 30 de septiembre de 2010, testimonio cargado de indignación ante los comunicados emitidos por los “comunicadores” y medios de “comunicación” que han “informado” sobre los acontecimientos suscitados ese día y en los que se ha minimizado e invisibilizado la participación ciudadana.
Yo llegué en compañía de una amiga de trabajo aproximadamente a las 14h00 y el vehículo que nos transportaba nos dejó en la Av. Occidental y Av. Mariana de Jesús, por lo que al caminar terminé, sin querer, en las puertas del Hospital de la Policía, con policías (vestidos de civiles y uniformados) y sus familiares. Me sorprendió escuchar que decían: el Presidente no está secuestrado, se puede ir una vez que firme un compromiso que derogue la Ley de Servicio Público. Me hizo pensar en los delincuentes que piden dinero a cambio de la libertad de una persona y se me ocurrió que podrían argumentar exactamente lo mismo.
Aproximadamente a las 16h00 descendí por la Av. Mariana de Jesús en dirección a la Av. América y una vez que pasé un piquete de policías ubicado a la altura del Hospital Metropolitano me sorprendí que a cada paso que daba me encontraba con más y más personas, ciudadanos comunes, que llegaban al lugar. Digo que me sorprendí porque era una enorme cantidad de personas, hombres y mujeres, jóvenes y viejos, uno que otro discapacitado, en general clase media y popular. También me sorprendí porque se avizoraba banderas color verde de Alianza País pero sobre todo banderas del Ecuador.
Poco a poco nos reunimos una gran cantidad de civiles y frente al piquete de policías cantamos el Himno Nacional del Ecuador y levantamos las manos en símbolo de que era una marcha cívica y pacífica; sin embargo, a los pocos minutos y motivados por policías cubiertos el rostro con máscaras, fuimos agredidos con bombas de gas lacrimógeno, toletazos y hasta insultos. De allí en adelante recibimos la arremetida de una policía como nunca agresiva, que parecía tener interés en que se mantenga una situación de completo caos y que a diferencia de otras ocasiones donde se han caracterizado por mantener una posición defensiva, esta vez mantenían una posición ofensiva. Incluso hubo momentos en donde las motos de la policía salían a perseguir a los manifestantes y yo, mientras corría para que no me “garroteen”, pensaba en que esos vehículos y el combustible que utilizaban habían sido pagados con los 37 millones de dólares recaudados por el Municipio de Quito a través de la Tasa de Seguridad Ciudadana que pagamos todos los quiteños y quiteñas. JA JA JA UNO NUNCA SABE PARA QUIEN TRABAJA.
Según terminaba el día y se venía sobre nosotros la noche, se visualizaba un frente de combate donde muchas personas seguían en franca pelea con la policía, más atrás otros grupos de ciudadanos que entonaban consignas a favor de la democracia, del gobierno y del Presidente Rafael Correa y de allí hacia la Av. América se visualizaban abundantes fogatas improvisadas donde el resto de ciudadanos y ciudadanas se reponían del efecto de los gases lacrimógenos, retomaban fuerzas y comentaban sobre la indignación que sentían frente a la violencia que todos y todas habíamos sido víctimas.
Pasado las 20h00 (mil disculpas por mi imprecisión en las horas de referencia pero las circunstancias no se presentaban para estar atento del reloj) llegaron más de veinte vehículos con militares, a los que todos los civiles recibimos con el Himno Nacional del Ecuador, con aplausos y frases de apoyo. En los rostros de los militares se veía la sorpresa de tan emotivo recibimiento y hasta sentí que el miedo que los miembros de las Fuerzas Armadas tenían fue reemplazado por valor y orgullo.
Los militares desembarcaron a unos 40 metros del hospital de la policía y se alinearon equipados con bombas de gas lacrimógeno. Éramos cientos de civiles ubicados a los alrededores y con enorme sorpresa y sobre todo miedo nos dimos cuenta que los policías amotinados en el Hospital de Policía (también ubicados estratégicamente en las instalaciones de medicina legal y en el parque de la mujer) recibieron a balazos a militares y civiles. Lo que sucedió después era el más completo escenario de una ciudad en guerra, bombas de gas lacrimógeno, ráfagas de balas, fogatas y llantas encendidas, gente en el suelo y ambulancias que intentaban rescatar a las personas caídas.
Yo me encontraba a 20 metros de los acontecimientos y vi caer uno tras otro a varios militares heridos (unos ocho) y otros tantos civiles (unos tres). Me conmovió la solidaridad entre civiles y uniformados para auxiliar a las víctimas del enfrentamiento. A las 23h00 horas, tal y como había gritado en las consignas, me fui a mi casa cuando el Presidente estaba a salvo. Yo hablaba muy en serio cuando coreaba “de aquí no nos vamos sin el Presidente”.
No les canso más pues seguramente ustedes conocen los por menores de lo que sucedió ese día jueves 30 de septiembre de 2010 a través de los medios de comunicación así que está de sobra ahondar en detalles y más bien he de aprovechar este espacio y su interés (en caso que hayan llegado hasta este párrafo) para reflexionar sobre el papel que posiblemente cumplimos la ciudadanía que nos acercamos al Hospital de la Policía; y que ha sido minimizado por la gran mayoría de medios televisivos, radiales y escritos. Así los medios de mayor audiencia hablaron de un puñado de ciudadanos, de un grupo de simpatizantes, de unos cientos de seguidores y hasta un reconocido comunicador se atrevió a dar una cifra exacta, informando que 300 empleados públicos fueron los presentes en el lugar.
Yo difícilmente podré calcular con exactitud el número de personas que nos acercamos a las inmediaciones del Hospital de la Policía pero me siento en la obligación de dar fe que la Av. Mariana de Jesús, desde el Hospital Metropolitano hasta la Av. América había un río de gente, por otra parte la calle paralela a la Av. Mariana de Jesús, de nombre San Gabriel, se encontraba otro grupo nutrido de ciudadanos y finalmente en la calle Juan Acevedo y en la Av. Mariscal Sucre ubicadas al sur del Hospital de la Policía se ubicaron muchos otros manifestantes. Me atrevería a decir que estábamos entre 5.000 a 10.000 personas pero eso sí, con seguridad, jamás unos cientos, un grupo o un puñado.
Quizás estén pensando en que no tiene mayor relevancia si fueron cientos o miles los ciudadanos que llegaron al lugar en mención y es justamente a este punto al que quería llegar porque POSIBLEMENTE nosotros, los ciudadanos que asistimos a defender la Democracia y a rescatar al compañero Presidente Rafael Correa fuimos los que marcamos la diferencia entre lo que sucedió y lo que podía haber sucedido, considerando las siguientes reflexiones:

1) POSIBLEMENTE los miles de ciudadanos y ciudadanas que llegamos al Hospital de la Policía visibilizamos, frente a las Fuerzas Militares, la popularidad que tiene el Gobierno actual, y se me ocurre que POSIBLEMENTE, de alguna manera, hicimos que la balanza se vire a favor de que los militares se pronuncien por la democracia pues me resulta difícil creer (por no decir imposible) que los militares se arriesguen a participar de un golpe de estado (o insurrección, como prefieran llamarlo) donde deban sacrificar cintos de vidas de civiles ecuatorianos, muchos de los cuales podrían ser familiares considerando que las Fuerzas Armadas son en esencia clase media. No nos olvidemos que históricamente Quito se ha levantado para destituir presidentes pero es la primera vez que se levanta para defender un Gobierno.

2) POSIBLEMENTE los miles de ciudadanos y ciudadanas que llegamos al Hospital de la Policía y que nos enfrentamos a la brutal y salvaje arremetida de los policías insurrectos, a través de una pelea frontal y de cánticos y consignas, desgastamos física y psicológicamente a los sublevados. Al fin y al cabo fueron cerca de 8 horas de no dar tregua y si del lado de la ciudadanía se notaba el cansancio a través de personas sentadas en las veredas y en las improvisadas fogatas, del lado de la policía no se veía un cuadro muy alentador pues ellos estaban igual o más agotados que nosotros.

3) POSIBLEMENTE los miles de ciudadanos y ciudadanas que llegamos al Hospital de la Policía y que a través de cánticos y plantones enviábamos mensajes al Presidente, donde le expresábamos nuestra solidaridad y apoyo, permitieron a Rafael Correa tener aún más fuerzas para resistir los embates de grupos de poder ocultos e intereses particulares que no les importaba incluso sacrificar vidas ecuatorianas; y esto lo digo porque cuando llegamos a la puerta del Hospital de Policía, aproximadamente a las 18h00, y el Presidente salió a la ventana, su rostro se llenó de orgullo al ver que no estaba solo.

4) POSIBLEMENTE los miles de ciudadanos y ciudadanas que llegamos al Hospital de la Policía MARCAMOS LA DIFERENCIA entre una democracia que se ha fortalecido y una democracia que hubiese resultado mal herida si los resultados hubiesen sido otros.

5) De lo que si estoy completamente seguro es que debemos prepararnos para defender cuantas veces sea necesario a nuestra Democracia, a nuestro Gobierno y a nuestro Presidente porque los actores ocultos que orquestaron los acontecimientos del 30 de septiembre no desertarán ante esta inminente derrota. Y para defender la democracia debemos estar dispuestos a respirar gases lacrimógenos, recibir garrote (toletazos), pasar frío y hambre, y hasta poner el pecho a las balas tal y como lo hizo nuestro compañero Rafael Correa. Solo la participación activa de los ciudadanos y ciudadanas permitirá construir una PATRIA EQUITATIVA, JUSTA Y SOBERANA, UNA PATRIA EN LA QUE TODOS SOÑAMOS.

Saludos
Diego R. Borja G.

01 septiembre, 2010

COMUNICADO DE LA CONFERENCIA EPISCOPAL DE GUATEMALA

COMUNICADO DE LA CONFERENCIA EPISCOPAL DE GUATEMALA,
en ocasión de la II Reunión Plenaria Extraordinaria.

“Nosotros sabemos en Quién hemos puesto nuestra confianza” (2ª. Tim. 1,12)


1. Los Obispos de la Conferencia Episcopal de Guatemala, reunidos en Asamblea Plenaria Extraordinaria, hemos analizado la situación en que actualmente se encuentra nuestra querida Patria.  Lo hemos hecho desde nuestro corazón de pastores, con la mirada iluminada por la luz del Evangelio y desde el contacto que tenemos con la realidad de las comunidades.

Hemos constatado varias situaciones que nos preocupan profundamente:

a. La tormenta Agatha:   Esta tormenta y otros fenómenos naturales han causado gran destrucción debido a la enorme vulnerabilidad de nuestro país, fruto del descuido del medio ambiente.  Gran parte de la infraestructura vial y numerosos puentes fueron destruídos. Esto puso en evidencia cómo muchas de estas obras fueron realizadas sin cumplir con los requerimientos establecidos.
En distintos lugares las cosechas de maíz y frijol se perdieron, lo cual hace prever que en los próximos meses habrá carestía de comida.
 Más lamentable ha sido, como lo informaron algunos medios de comunicación, que no todos los recursos donados llegaron a manos de quienes enfrentaban mayor necesidad. Aún en el momento actual hay comunidades que siguen esperando la ayuda que necesitan. Es verdad que hubo numerosas acciones de solidaridad pero también debemos decir que faltó una respuesta más comprometida de quienes hubieran podido ayudar más.


b. El incremento de la violencia: Nos duele constatar que la violencia ha crecido. En el primer semestre de este año hubo aproximadamente dos mil asesinatos, la mayoría de los cuales han quedado impunes. Hay una relación estrecha entre la delincuencia común, la pobreza y el crimen organizado. En las zonas urbanas marginales se encuentran las “maras”, grupos de jóvenes fuertemente armados, jerárquicamente organizados y sin ningún límite moral o amor por la vida de sus semejantes, dispuestos a ejercer una violencia salvaje. Aproximadamente se estima en cinco mil el número de miembros de estas maras organizados en 300 bandas.  Apoyados en la corrupción de algunos miembros de la PNC, jefes, oficiales y efectivos, acuerdan y respetan “zonas libres” en la que actúan impunemente.  Es también cierto que en muchos casos los policías honestos y responsables son muy vulnerables pues los delincuentes los conocen y los amenazan con matar a su familia si se les oponen.
Según un estudio de inteligencia civil existe una estructura delincuencial bien organizada en la cual es difícil distinguir entre funcionarios de alto nivel, grandes empresarios, jefes de mafias, y ex-militares que para garantizar un estilo de vida cómodo se han involucrado en actividades ilícitas.
Ante esta situación de violencia se oyen muchas voces que gritan que la aplicación de la pena de muerte es la única solución. Nos oponemos absolutamente a este planteamiento desde nuestra fe en el evangelio y el conocimiento de la historia. Las maras son el resultado, entre otras causas, de una profunda desintegración familiar, de la pobreza y la miseria, de la falta de amor. A estos jóvenes hay que ofrecerles todo el apoyo necesario de modo que descubran que el sentido de la vida es el amor y no la violencia.
Además exigimos al Estado guatemalteco poner en práctica las recomendaciones presentadas hace ya tiempo en el Acuerdo Nacional para la Seguridad presentado por el Grupo Garante.

c. Una débil aplicación de la justicia: La falta de aplicación de una justicia real e imparcial contribuye a aumentar la descomposición social y a crear una inestabilidad política. La ausencia de justicia o la tardanza en su aplicación fomentan el que muchos, buscando su propia conveniencia o sus intereses muy personales, actúen con una total carencia de principios y valores, alcanzando niveles de corrupción insufribles. Es innegable la utilidad y necesidad de la ayuda internacional para impulsar procesos de fortalecimiento de la justicia.
Hasta el momento, casos ejemplares como  el asesinato de los diputados salvadoreños,  el desvío millonario en el Congreso de la República, la no-restitución de los millones robados por funcionarios y los procesos judiciales en su contra, que no avanzan, demuestran lo que decimos.

d. la falta de apego a la verdad: la ausencia de la verdad es cada día más notoria. Impera el arte de mentir en todos los ámbitos de la sociedad. Triunfa el que es capaz de mentir de manera más convincente. Diversos medios de comunicación social no transmiten sus mensajes apegados a la verdad objetiva. Una muestra fehaciente del poder de la mentira lo constituye el que en la actualidad se ofrezca una enseñanza sobre la sexualidad humana por parte de empresas privadas y organizaciones no gubernamentales que falsean el sentido verdadero de este tesoro por el cual se transmite la vida humana.

e. Un profundo y progresivo daño ecológico y la eliminación de la biodiversidad en muchas áreas de Guatemala:
Somos testigos del deterioro imparable del medio ambiente. Falta una verdadera cultura ecológica en el guatemalteco. Existen malas costumbres, hondamente arraigadas, que ensucian, contaminan y dañan el medio ambiente. Manifestamos nuestra comunión y nuestro apoyo al obispo Alvaro Ramazzini y a su eminencia, el cardenal Rodolfo Quezada, en sus repetidas intervenciones advirtiendo del daño que produce el que se continúe con la minería a cielo abierto así como la explotación del petróleo en el área protegida conocida como la Laguna del Tigre. Ahora también se pretende la minería de hierro en la costa sur. Ellos, junto con numerosos sectores de la sociedad civil y de las comunidades afectadas, han dado la señal de alerta de los daños que las industrias extractivas de metales pueden producir, incluída la conflictividad social y los efectos nocivos sobre la salud.
A pesar de estos planteamientos, existe una campaña mediática, astutamente impulsada, que hace que parezca como bueno y deseable lo que no puede justificarse de ninguna manera. El pretexto es demostrar que lo más importante es atraer la inversión extranjera no importa si se destruye o se respeta la riqueza natural de nuestro país.  Esos bienes no renovables con los que cuenta nuestra patria, fueron dados por Dios para beneficio de todos y no como mercancías negociables por parte del Estado y de empresas sin demasiados escrúpulos.

f. Una democracia débil con instituciones también débiles: es una realidad, proclamada a todas voces, que nuestra democracia es muy débil. Sabemos que no existe un sistema político perfecto, pero ello no justifica pretender mantener un sistema que margina a la mayoría de la población del derecho a una vida digna y privilegia el beneficio de las minorías que tradicionalmente han detentado el poder económico.  Todo sistema político y económico debe promover el Bien Común y favorecer el desarrollo integral de la persona, imagen viva de Dios.
Desgraciadamente la clase política en nuestro país ha perdido credibilidad y la población desconfía de ella pues las acciones que realizan demuestran que les interesan más sus juegos políticos de poder que el bien de la nación.
El Poder Ejecutivo desoye las demandas de los sectores organizados indígenas y campesinos, empujándolos a medidas de hecho que no favorecen la gobernabilidad. Las mesas de diálogo convocadas han quedado en diálogos inútiles por culpa del Ejecutivo que ha sido incapaz de cumplir sus promesas.
Igualmente mientras se invierten millones de quetzales en los programas de Cohesión Social, muchos centros de salud y hospitales no tienen los recursos necesarios para dar los servicios requeridos.
El poder legislativo se enfrasca y gasta sus energías en satisfacer sus ansias de poder y su egoísmo, poniendo trabas y caminando muy lentamente en la elaboración de leyes necesarias para asegurar la paz en Guatemala,  vgr. La ley de Desarrollo Rural, la Ley sobre la Minería, la Ley sobre la extinción de dominio, la aprobación del delito de enriquecimiento ilícito.
El poder judicial, con la querella presentada contra el presidente de la Corte Suprema de Justicia, en la que se le acusa de “falsedad ideológica” es una muestra significativa en la consideración de quién tiene en sus manos la aplicación de la justicia.

2. Testigos de esperanza:

En medio de este panorama difícil y desafiante, nosotros, sucesores de los apóstoles, queremos testimoniar con el Apóstol Pablo: “vivimos siempre apretados pero no aplastados, apurados pero no desesperados; perseguidos pero no abandonados; derribados pero no rematados (2 Cor. 4,8.12). Decimos esto con toda convicción porque el Señor Jesucristo vive y está presente   en nuestras comunidades. Proclamamos con firmeza que el amor de Dios es fiel y no muere.
Estamos seguros que la idolatría del dinero que ha corrompido nuestro país generando tantos males y acabado con tantas vidas humanas, no es más fuerte ni más poderoso que el amor de Dios “derramado en nuestros corazones”. (Rom. 5,5)
Por ello, los exhortamos a todos y todas, creyentes y no creyentes, para hacer de nuestra historia, personal y comunitaria, desde la fe en la Palabra de Dios y la Vida nueva que ha sido puesta en nosotros, una historia de salvación.
Debemos esforzarnos para ofrecer a los jóvenes, que son mayoría en nuestro país, un futuro mejor.
Próximamente, el primer domingo de Septiembre, celebraremos la jornada nacional de oración y ayuda por los hermanos migrantes. Ante la desgracia del aumento de deportaciones, los migrantes necesitan nuestro apoyo y ayuda. Los exhortamos a vivir en cada diócesis y vicariato y en la prelatura de Esquipulas esa jornada de oración. Seamos generosos y ayudemos materialmente a los esfuerzos que la Conferencia Episcopal de Guatemala hace en favor de ellos y ellas.

Terminamos este comunicado invocando a María Santísima en su advocación de Nuestra Señora del Rosario para que ella interceda por este pueblo sufriente y sea Ella quien calme el dolor y la pena de quienes sufren la pérdida de sus seres queridos como resultado de la violencia que el país experimenta y anime los esfuerzos de todos aquellos que buscan construir un país lleno de paz y bienestar.


  Pedimos que este comunicado sea leído en todas las parroquias.
  Guatemala, 26 de Agosto del año 2010.
 
     + Obispo Pablo Vizcaíno Prado  + Obispo Bernabé Sagastume
                   Presidente   Secretario General
Conferencia Episcopal de Guatemala      Conferencia Episcopal de Guatemala

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