17 octubre, 2007

Nuevas beatificaciones

Declaración de Redes Cristianas

SOLIDARIDAD CON TODAS LAS VÍCTIMAS DE LA GUERRA CIVIL
Y ACERCA DE PRÓXIMA BEATIFICACIÓN


En referencia a las víctimas de la Guerra Civil española (1936-1939) y a las que siguieron durante los años de la dictadura franquista (1939-1975), a propósito de las cuales determinados sectores de nuestra sociedad se ocupan recientemente de purificar la llamada “Memoria histórica”, y a propósito asimismo de la prevista beatificación de 498 personas asesinadas en el sector republicano, el colectivo Redes Cristianas MANIFIESTA:
Que la guerra debe rechazarse como un grave error. Que, por lo tanto, debe rechazarse también como error nuestra Guerra Civil. Para superar los conflictos y construir la paz son imprescindibles siempre medios pacíficos: el análisis sociológico de la realidad, la revisión colectiva de nuestros proyectos sociales, la colaboración. Y, aun así, la paz nunca es neutral. Para construir un futro en paz será siempre necesario que las partes reconozcan los errores que les condujeron a la guerra y pedir perdón por ellos. Hoy ya no se trata de buscar culpables, pero tampoco se trata de un ambiguo relativismo histórico. Se trata de que todas las partes reconozcan su parte de culpa, y, en primer lugar, nosotros, los cristianos, reconocer y pedir perdón por la posición beligerante que la mayor parte de la Jerarquía eclesiástica tuvo.
Que la purificación de la memoria histórica no ha de consistir en juzgar el pasado común repartiendo culpabilidades. Todos somos corresponsables de los hechos colectivos: ganamos con los que ganan y perdemos con los que pierden. Debemos reconocer que en nuestra Guerra Civil perdimos todos.
Desde la más profunda admiración por las vidas y sobre todo por las circunstancias de sus muertes, creemos que, dado que la Iglesia no ha pedido perdón por lo ocurrido, esta beatificación es inoportuna. Manifiesta la incapacidad de la jerarquía por superar las posiciones de hace 70 años. Y, por otra parte, se presta a una obvia instrumentalización política.
Que consolidamos nuestra memoria como patrimonio enriquecedor en la medida que, mirando el pasado, construimos el presente, hacemos historia.
Por eso, después de 70 años valoramos muy positivamente algunos de los esfuerzos del gobierno legítimo de la República, como por ejemplo, la extensión de la enseñanza para todos, el reconocimiento de los derechos de la mujer, la separación Iglesia/Estado, etc. Será profundizando en estas propuestas como, implícitamente, honraremos a los que trabajaron en estas direcciones.
Que, obviamente, todo el mundo tiene derecho a honrar el nombre de sus antepasados, fuera cual fuere su ideología, sobre todo si sus vidas y muertes fueron heroicas, sin que esto suponga deshonra para los demás.
Por eso, es necesario honrar también y sin ninguna ambigüedad la entrega generosa de tantos que murieron por la causa de la justicia, del reconocimiento de los derechos de todos, de la paz. Olvidar a los miles de maestros, sacerdotes, obreros, dirigentes, políticos, etc., que murieron víctimas de la represión franquista no sólo es una injusticia, sino que hace imposible la reconciliación y la paz.
Que, definitivamente, el objetivo común por el cual merece la pena movilizarnos a todos los niveles es el de la cultura de la paz, de la conciliación o reconciliación, si fuera necesario, pidiéndonos perdón mutuamente.

Redes Cristianas, 14 de octubre del 2007

Nuevas beatificaciones

LOS MÁRTIRES


La Conferencia Episcopal Española ha puesto en marcha una calculada campaña de publicidad anunciando la beatificación de centenares de víctimas de la mal llamada guerra civil. (¿Es que puede haber alguna guerra que sea civil?) Son víctimas, eso sí, exclusivamente de uno de los dos lados enfrentados. Cabe deducir, en consecuencia, que la Iglesia española sólo se siente inclinada por una determinada dirección y da la espalda a los mártires, que también los hubo, que sufrieron su trágico destino en el otro lado de aquel desolador panorama que se dibujó en nuestra España desde el 1936 al 1939 y posteriormente, entonces sí que ya sólo en uno de los lados, durante las décadas de la dictadura franquista.
Los señores Obispos y el Vaticano por lo visto así entienden el mensaje cristiano del trabajo por la paz (Bienaventurados los que hacen obra de paz), por la reconciliación y el perdón (Bienaventurados los misericordiosos), por tender puentes de diálogo y convivencia (Bienaventurados los que tienen hambre y sed de justicia). La Conferencia Episcopal Española debe saber y seguro que sabe que así divide a la propia Iglesia, da la espalda a multitud de ciudadanos, compatriotas suyos, que todavía hoy esperan un gesto, siquiera un gesto de petición de perdón y de disculpa por haber colocado la Cruz junto a espadas y fusiles que incrementaron en su día el derramamiento de sangre entre hermanos en lugar de predicar y luchar por la reconciliación.
Somos muchos los creyentes cristianos que nos sentimos obligados a expresar nuestra disconformidad con una Jerarquía católica que no está a la altura de las circunstancias históricas ni, lo que es más importante y descorazonador, a la altura que exige el Evangelio de Jesús, el de la buena noticia salvadora para judíos y gentiles, para pecadores y justos, para publicanos y fariseos, para hijos pródigos y fieles cumplidores de la ley, para samaritanos y galileos.
Dentro de pocos días, allá en el Vaticano, en medio de toda pompa, gloria y esplendor, se honrará a centenares de mártires cuya muerte no fue ni más ni menos execrable que la de otros cientos y miles de compatriotas nuestros cuyos restos todavía hoy buscan sus familias en fosas que hoy afortunadamente se están rescatando del olvido y del miedo. Algunos, que caminan con el mismo ritmo episcopal al tiempo que alzan banderas y buscan letra adecuada para himnos patrios, hablan cínicamente de pasar páginas históricas que les pueden resultar incómodas. Se nos hace difícil a muchos encontrar una interpretación más interesada y sectaria de la historia.
Si mártir significa ser testigo, ser testimonio de algo hasta poner a disposición la vida por ello, nuestros Obispos deberían abrir más su campo de visión. Hay miles de nombres fuera de su lista. Y tenemos el derecho a preguntarnos por qué tanto olvido y por qué tanta lectura parcial de nuestro pasado reciente. Salvo que las actuaciones episcopales de hoy, claro está, no sean otra cosa que la continuidad de los palios, brazos eclesiásticos en alto y bendiciones de tiempos que nos gustaría a los creyentes ver ya definitivamente periclitados.
Quienes provocaron aquella demencial guerra civil nos dejaron a las generaciones futuras una responsabilidad inmensa: la obligación de cerrar heridas, de buscar una salida civilizada a tanto odio, a tanto dolor, a tanto desatino. No parece que ése sea el camino por donde transita la labor episcopal. Ni en ese ni en otros asuntos de diferente calado con los que en los últimos tiempos nos amenizan desde distintos púlpitos y tribunas, alguna por cierto radiofónica y de titularidad eclesiástica.
El mensaje cristiano deja de serlo si no está profundamente impregnado de concordia, de justicia, de esperanza y de solidaridad. Y por cierto, con hechos, no sólo con palabras. Sería deseable que la Conferencia Episcopal, si no es mucho pedir, volviera a considerar aquella senda de luz que pareció abrirse en la etapa del Cardenal Tarancón. Y de paso, tampoco estaría nada mal que tras invocar al Espíritu Santo, en la próxima sesión del plenario de las mitras españolas se leyera en voz alta una famosa homilía que el mismo Monseñor Tarancón pronunció allá por las postrimerías de mil novecientos setenta y cinco. ¿O es que también les resulta incómoda?


Ramón Sabaté Ibarz
Profesor de Secundaria

03 julio, 2007

Educación para la ciudadanía. Comunicado de CCP estatal

En nuestra sociedad actual hay un lamento constante sobre la pérdida de valores (solidaridad, respeto, servicio, participación ciudadana, etc.), y sobre la implantación, por otra parte, de los contravalores correspondientes (individualismo, consumismo, afán desmedido de tener, prestigio social hipócrita, hedonismo desmesurado, etc.). Todo ello favorecido por la globalización capitalista que nos invade.

Esto configura un mundo que no nos gusta, en el que prima la violencia, siendo muy llamativa la de género y el terrorismo; abuso de poder y corrupción; grandes desigualdades, sobre todo, entre países del norte y del sur; hambre y miseria en el tercer y cuarto mundo… Como contrapunto alentador, constatamos también que en medio de este mundo injusto hay muchos signos esperanzadores y muchas personas, con muy nobles sentimientos, que destacan por su entrega, llena de responsabilidad, en los distintos ambientes, públicos y privados, en que se realiza su vida.

En estas circunstancias, la sociedad, y en especial quienes tienen responsabilidades de gobierno, no pueden permanecer con los brazos cruzados, sin buscar soluciones adecuadas a los problemas arriba mencionados. Y no cabe duda de que la educación, en la familia, en el colegio y en diversas instituciones dedicadas a esta tarea… desde la infancia, es el primero y más importante instrumento para conseguirlo.

Por eso consideramos muy necesario completar o suplir la labor educativa familiar con la implantación del área “Educación para la Ciudadanía y los Derechos Humanos” con un doble objetivo: adquirir hábitos civiles y ofrecer también conocimientos de los valores que se quieren transmitir. Estos valores, lógicamente, deben ser universales y válidos para toda la ciudadanía, ya sean personas creyentes de distintas religiones, como agnósticas o ateas. No podemos olvidar que nuestra sociedad es plural en ideologías y religiones. Queremos dejar muy claro que estos valores no están en contra de la fe cristiana, sino que encajan perfectamente con los valores evangélicos.

Queda intacto, sin embargo, el derecho de la Iglesia, a proponer en sus enseñanzas y con su vida la fe en la trascendencia y el seguimiento de Jesucristo, para que pueda ser libremente aceptado. Pero está claro que no se puede imponer a nadie. Por ello, no entendemos como la Jerarquía de la Iglesia Católica se niega a aceptar esta área educativa y hasta aconseja la “objeción de conciencia a la misma”. Nos parece intolerable afirmar que esta área educativa ha sido impuesta de una forma dictatorial. Por lo que hemos podido conocer, se ha consultado a todas las Comunidades Autónomas y a más de veinte organizaciones sociales y que tienen algo que decir en esta materia. Mencionamos a modo de ejemplo, solamente algunas: Amnistía Internacional, Caritas, Federación de Religiosos de la Enseñanza, Asociación Universitaria de Profesores de Didáctica de Ciencias Sociales, Confederación Española de Centros de Enseñanza y otras. Los obispos también han sido consultados en varias ocasiones, como sabemos por los medios de comunicación social.

Conviene saber también que, a pesar del rechazo de la Conferencia Episcopal y de algunos obispos en particular, la Federación de Religiosos de la Enseñanza ha manifestado su voluntad de impartir en sus colegios el área “Educación para la Ciudadanía y los Derechos Humanos”, “desde la visión cristiana de la vida”. Por otra parte, esta área educativa responde “a la insistencia de la Unión Europea sobre la necesidad de fomentar la ciudadanía responsable”. Los contenidos doctrinales del área coinciden con principios de la “Declaración Universal de los Derechos Humanos”, la “Convención de los Derechos del Niño” y la “Constitución Española”.

Hemos estudiado detenidamente los contenidos y objetivos de la asignatura de educación para la ciudadanía y también los textos elaborados por SM y Santillana, Editoriales de religiosos y religiosas dedicados a la enseñanza y tenemos que afirmar sin lugar a dudas que nos extraña mucho cómo algunos de los obispos españoles pueden negarse a apoyar estas enseñanzas. Y menos comprendemos todavía las afirmaciones tan rotundas de condena que hacen en sus declaraciones: “Que esta área atenta contra la libertad de los padres en la educación moral de sus hijos”. “Que promueve el relativismo”. “Que fomenta la ideología de género” (lo que para nosotros es positivo y bueno, por lo que supone de rechazo al machismo reinante en la sociedad y en defensa de la igualdad hombre-mujer como personas).

Como conclusión: desde nuestra propia convicción creyente o social responsable, apoyamos y defendemos la enseñanza de todos los valores contenidos en el área “Educación para la ciudadanía y los Derechos Humanos”. Creemos que son válidos para todos los miembros de la sociedad y que no son contrarios a la fe cristiana, que profesamos muchas personas de las que hacemos esta reflexión. Dejando clara nuestra posición, apostamos por la libertad de conciencia y la responsabilidad personal en la toma de decisiones, sin condicionamientos ajenos, después de un estudio serio del tema.

COORDINADORA ESTATAL DE COMUNIDADES CRISTIANAS POPULARES

22 mayo, 2007

José María Castillo deja los Jesuitas

Denunciamos las presiones personales a las que ciertos sectores que incluyen a la COPE han sometido a José María Castillo, a sus 78 años.

Comentario de José Manuel Vidal en Redes Cristianas